domingo, 26 de noviembre de 2017

¿y ya está? ¿eso es todo?
¿dejarlo escrito tampoco es suficiente?
¿qué hago?¿qué quieres?
ya he llorado
ya he reído
ya he rabiado
ya he bailado
ya he pegado
ya he salido
ya he hecho amigxs
ya he estado sola en casa
ya he meditado
ya he estudiado
ya lo he dejado
ya he vuelto
ya he dicho las cosas claras
ya he callado cuando ha convenido
ya he dado las gracias
ya he pedido perdón
¿y ahora qué?
¿ahora que quieres?

y sonará el despertador
lavarse los dientes, ¿falda o pantalón?
bus, metro, lección
15 minutos de conversación
amigxs
metro, bus, casa

perdición


qué coño hago cuando sólo me apetece autodestrucción
cuando quiero parar el mundo y bajarme del vagón
cuando quiero llamar la atención
sin caer en el montón
utópica sensación
tengo hambre pero no quiero cocinar
no quiero salir a comprar
no quiero tener que buscar
¿y que quieres?
que qué quiero

no quiero una solución fácil
quiero fuerzas para el combate
quiero no querer, como antes
quiero quererla y que me baile
quiero que quiera, que la baile

controlar la situación
que no sea un dolor en el pecho,
un nudo en la garganta
un bloqueo, un impulso,
quien me diga: tú, hoy, no.

disfrutar del dolor,
perderme en un rincón,
pero siempre sano,
con amor o con pasión



me siento fuera,
queriendo estar dentro

no es para nadie mi tristeza,
es mía y para quien disfrute como yo
de ahogarse por las noches,
la sangre y el roce.

en definitiva, onírica ecuación
y llevo tatuada la solución

aunque, quién sabe,
algún día, a lo mejor...

(y de esto vivo yo)


domingo, 1 de mayo de 2016

lo escribí una noche que no me apetecía follar

sin ti no soy nada y contigo tampoco
en los labios el dulce sabor a poco.

situaciones ridículas que me dejan la ira entre las clavículas:
la misma sensación
desde que escuchaba los gritos encerrada en mi habitación
ahogada en mi almohada,
siempre en repetición.

esta mierda me nubla la salvación
entre la niebla navego a estribor
los faros me guían hacia la (auto-)destrucción.

lunes, 18 de abril de 2016

Ayer me encontré con un petirrojo en el tren y me avisó de que siempre que le vea, vendrá a avisarme de algo que ni el sabe lo que es.

Hoy aprendí que de energías no se aprende, que el librero de Gran Vía tiene como tradición que si rechazas una oferta en compra de libros, no puedes volver a intentarlo después y que en la cuesta del Moyano hay vendedores muy simpáticos a los que soy incapaz de robar,

Anoche saboreé las señales pero aun no aprendí a fiarme totalmente de ellas.

domingo, 31 de enero de 2016

Susúrrame al oído cosas que ni tú te crees
con tal de escapar de lo que ya sé.
Podría escribir algo de lo que sentirme orgullosa pero no me da la gana.


No me apetece nada, ni siquiera pensar.
No quiero escucharte, no quiero escucharme.
Dios, cállate ya.
Si por no querer no sé ni qué hago tecleando
supongo que al fin y al cabo, no me voy a dejar ahogar.

No encajo ni quiero encajar.
Quiero cerrar los ojos y delirar.